La piel es un órgano vivo, que está en contacto constante con el frío, el calor, el aire, etc. Pero hay factores internos como el estrés que también se manifiesta en la piel, sus efectos son: aumento de la deshidratación, rojeces e irritación, acné incluso en adultos, tono apagado y hasta aumento de las arrugas.

El estrés también tiene un impacto bastante negativo para la salud de nuestra piel, agravando patologías ya existentes como eczema o psoriasis e incluso dando lugar a nuevos problemas cutáneos.

En estados de estrés, nuestro organismo –como mecanismo de defensa- produce cortisol. Niveles elevados de esta hormona causan estragos en nuestro sistema inmunitario afectando a nuestra piel a diferentes niveles:

ESTRÉS EPIDÉRMICO:

 1. Mayor Sequedad. 

El exceso de cortisol provocado por el estrés afecta a la funcionalidad de la barrera de la piel, aumentando la perdida de agua trans-epidérmica y disminuyendo notablemente la capacidad que tiene la piel de retener agua.

2. Rojeces e irritación. 

El estrés provoca rojeces y que la piel esté más irritada. La explicación está en que nuestro organismo libera más histamina, y esta es la hormona responsable de la irritación. Los episodios graves o sostenidos de estrés se pueden provocar patologías cutáneas como la rosácea o el eczema. Y si ya se padecen, éstos empeoran.

3. Acné adulto. 

Se debe a que hay un desequilibrio entre las cepas de bacterias buenas y malas. Esta es una de las causas del acné adulto, y suele aparecer en la zona de alrededor de la boca y la barbilla.

4. Tono apagado.

Si tu piel ha dejado de mostrarse luminosa, puede ser a consecuencia del estrés. Nuevamente, el cortisol tiene la culpa. En este caso hace que la piel se renueve más lentamente dando paso a un tono más cetrino, opaco y apagado.

5. Más arrugas.

El estrés y las preocupaciones también pasan factura en forma de arrugas. De forma indirecta, expresiones como fruncir el ceño, la rigidez de los músculos faciales y el efecto de la gravedad hacen que la piel pierda firmeza y que las líneas de expresión existentes.

Ya somos conscientes y estamos más concienciados de que el sol, la deshidratación, los malos hábitos, la alimentación poco saludable, etc., repercute en el mayor órgano que cubre nuestro cuerpo que es la piel. Sin embargo prestamos poca atención a factores emocionales que aunque no los sintamos de forma física sí nos pasan una factura psicológica y esto también repercute en nuestro organismo y en consecuencia en nuestra dermis.

Gran parte de las mujeres en edad adulta somos personas ‘multitarea’ que repartimos nuestra vida a entre el trabajo, la casa, los niños… y esto conlleva un gran dosis de estrés diario que tiene su reflejo en la piel. El estrés produce un desequilibrio hormonal y lleva a nuestro organismo a producir cortisol, conocida como “la hormona del estrés”.  De este modo, nuestro cuerpo produce otras hormonas con diferentes objetivos y el exceso de éstas conlleva a un desequilibrio que afecta directamente a la piel.

Para combatir estos efectos es importante seguir las siguientes recomendaciones:

Come sano

El estrés, la falta de tiempo y el cansancio de cada día consigue que abandonemos cada vez más nuestra saludable dieta mediterránea y la sustituyamos por ingentes cantidades de fast food, platos preparados, grandes dosis de azúcar, etc. Lo que se agrava con la ingesta de alcohol y adicción al tabaco.

Todo esto no hace más que incrementar nuestro nivel de estrés porque el organismo paga las consecuencias con kilos de más y un malestar generalizado que nos hace sentir decaídos.

Por tanto, pon freno a esta situación y oblígate a llevar una dieta saludable en la que no falten ensaladas, verduras, pescados y carnes magras a la plancha y bebidas sin alcohol. Bebe agua en abundancia, 2 litros diarios es lo recomendable. A la hora de cocinar, busca recetas fáciles, ya verás que hay miles para hacer en menos de media hora, y aliña todos tus platos con aceite de oliva, la grasa más saludable.

Mantén el buen humor

Poco a poco, si vas incorporando estos consejos de hábitos saludables en tu vida, te sentirás cada vez más a gusto contigo misma y relajada. Son pequeños triunfos por los que encontrarte satisfecha y que te harán sentir de buen humor. Una actitud positiva que, llevada día a día, te fortalecerá a la hora de hacer frente a situaciones de estrés, problemas e inconvenientes que surgen a diario, etc.

Y recuerda que una sonrisa activa los músculos de la cara y libera endorfinas, sustancias positivas para tu organismo.

Feliz lunes!!