Son errores tan comunes y normales que quizá ni lo sabes. Pero todo tiene solución, estás a tiempo de aprender pequeños trucos y poder hacer que tu maquillaje luzca correctamente.

1.    Te maquillas directamente si prepararte ni hidratarte la piel.
El ritmo frenético del día a día es tan rápido que casi no hay tiempo de nada, te preparas tan rápido que ya supone bastante salir medio decente. Sin embargo, en muchas ocasiones, no hidratas ni preparas tu piel, y esto es un grave error que hará que el maquillaje te aguante menos y en peor estado, y que tu piel se ensucie muchísimo más.

Una alternativa para ir más rápido es usar una BB Cream, ese gran todo-en-uno (hidratante, tratamiento y color, con SPF) que se inventó para mujeres que van a toda marcha y a la carrera.

2.    El rizador de pestañas se aplica siempre antes de aplicarte la máscara.
El momento adecuado para rizarlas es cuando están limpias, antes de poner el producto, si lo haces cuando ya tienes el producto sobre la pestaña corres el riesgo de partirlas.

3.    Te maquillas los labios frotándolos y  a lo loco.
Te los pintas y los frotas uno contra el otro en la idea de rellenar los huecos y definir la cobertura. Esto es un error muy común, y que suele quedar fatalmente, es preferible maquillar cada labio adecuadamente y después retirar el exceso de labial con un kleenex.

4.    El tono de la base ha de ser el que te corresponde por tu color de piel.
Al comprar la base te la pruebas en la mano, y ésto es un error. No necesitas un Máster en tonos, basta con que pruebes la base que te ha gustado para tí, extendiendo una pequeña cantidad en la mandíbula o en el cuello, si se funde con tu color natural, has acertado en el tono.

5.    Compras la máscara de pestañas sin tener en cuenta cómo es el cepillo y te obstinas en tocar la zambomba con ella.
Te interesa que sea de un color o duración determinados y no te fijas en la forma del cepillo, que es lo que realmente determina el resultado y la expresión de tu mirada. “Si te sueles manchar al maquillarte pero quieres volumen, te vendrá bien un cepillo de pelo corto y no muy ancho. Si quieres respetar la forma natural de tus pestañas añadiendo algo de volumen y definición, elige un cepillo de silicona. Los cepillos curvados se inventaron para las mujeres que quieren volumen y curvatura y saben jugar con la parte cóncava y convexa del cepillo”, aclara Estrella Corral.

Una vez tengas claro tu objetivo pestañil, se trata de mantener el producto en condiciones óptimas, y para ello es imprescindible que abandones tus conceptuales conciertos silenciosos de zambomba –es decir, eso de meter y sacar el cepillo para atrapar el producto-. “Con ello sólo conseguirás que entre aire en la fórmula y se te estropeará”.

6.    Confundes ‘iluminar’ con el «efecto panda».
Un exceso fácil de arreglar empleando una buena iluminación y/o eligiendo correctamente el iluminador. Uno o dos tonos menos que la base iluminan, bajar de ahí aclara demasiado y deja aspecto de marca de gafa de nieve o también llamado ojos de panda.

7.    No le das a cada brocha su cometido… y además, no las lavas.
Cada una tiene su cometido por su forma, pero también influye el tipo de pelo: El pelo sintético ha eclipsado al pelo natural y, gracias a sus diferentes grosores y encerados, son perfectos tanto para aplicar los maquillajes grasos, como las bases o las fórmulas en crema, como los bronceadores, el colorete o los polvos sueltos de acabado.

En cuanto a la frecuencia de lavado, debería ser, al menos, de una vez a la semana. Se lavan con agua fría y jabón neutro y se dejan secar en horizontal. En el caso de las brochas de maquillajes grasos, cualquier limpiador anti-grasa será perfecto. Así evitarás pasarte por la cara una tonelada de bacterias en cada uso.