Agatha es única, inspiradora, provocadora y rompedora absoluta de todo tipo de moldes. Ya sea admirada o criticada, lo que está claro es que no deja indiferente a nadie. Destaca sin duda su manera desenfadada, incluso algo alocada, super original e imaginativa de vivir y también de vestir. Porque no sólo es original en sus propuestas para vestir a los demás o de diseñar complementos del hogar, papelería, etc,  sino que ella misma luce esos diseños que para muchos son prendas imposibles y lo hace sin complejos.

Esta actitud ante la vida y en la pasarela, la ha hecho famosa durante décadas, desde 1985 cuando desfiló por primera vez, sin que por ello haya descendido su nivel de creatividad ni tampoco su popularidad, ya que está presente en redes sociales, TV y prensa escrita casi más ahora que en su comienzo.

Y es que Agatha es capaz de reciclarse a sí misma como nadie. Sabe resurgir de las situaciones más duras, ya sean personales o profesionales y nunca se rinde….se toma la vida con bastante humor y se lanza al mar de las incertidumbres sin tener en cuenta el riesgo.

En cuestión de reciclaje lo suyo claramente no es una pose, es algo que le nace de dentro, de muy adentro, desde que era pequeña. Se considera ecologista desde siempre, incluso se podría decir que desde antes de nacer, ya que sus abuelos ya lo eran en los años 20, cuando no estaba de moda precisamente y quizá eso explica que lo llevase en los genes. Genes que también debió heredar de su padre, quien ella reconoce también como un ecologista muy concienciado y austero, especialmente con el consumo responsable del agua.

Me gusta pensar que en esos años, los 20 del siglo pasado, sus abuelos quizá conociesen a alguien innovador en cuanto al ecologismo, un ingeniero de montes pionero en educación ambiental llamado Ricardo Codorniu, cuyo seudónimo era “Apostol del árbol”. Se me hace fácil pensar que siendo ambos de familias de clase alta, involucrados en la protección del medio ambiente, no es raro, que si para el abuelo de Agatha los árboles eran sagrados, sea más que posible esa relación o vinculación, aunque sólo fuese desde la admiración hacia el trabajo realizado por Ricardo, que fue quien repobló la Sierra de Espuña, lugar paradisíaco y mágico, entre una de las más famosas de sus intervenciones y que sentó las bases de muchos proyectos posteriores incluso de la actualidad.

portada del cuento que Don Ricardo Codorniu escribió a sus nietos

Reciclar debe ser un acto bonito, de vida, de energía”.

Agatha siente verdadera pasión por el reciclaje, en ella se puede decir que es casi una obsesión, algo que le interesa por encima de muchas otras cosas y también algo que le hace feliz.

Desde el reciclaje de vidrio hasta hacer su propio compost en su casa de Mallorca, gestionada con energía solar fotovoltaica son algunas de sus “obsesiones” a la hora de reciclar y de apostar por la sostenibilidad.. Por eso no es de extrañar que ECOVIDRIO pensase en ella para lanzar una campaña que pusiese de moda el reciclaje de vidrio de una manera original.

La primera vez que ECOVIDRIO quiso contar con Agatha fue en el año 2014 y en esa ocasión vistió los contenedores de Alcorcón. Al año siguiente, coincidiendo con la Semana de la Moda de Madrid, “Agathizó” 15 contenedores y de nuevo ideó una colección 2017/2018 de minicontenedores de reciclaje de vidrio (miniglú) dispuesta para la venta, incentivando así de modo divertido el arte de reciclar a diario en casa o en el trabajo.

Efectivamente Agatha demuestra que la basura no tiene porqué ser fea y parece un guiño a la vida, que su pareja actual sea precisamente uno de los empresarios más importantes relacionados con el reciclaje, apodado no por casualidad “El Chatarrero”.

Ella bromea siempre con esa “casualidad” y dice de él cosas como:

“Me encanta como recicla el tío” o “me voy a reciclar con Luismi”

Pero lejos de recrearme en su vida privada, que es sólo suya, pese a que no se esconde y luce su nueva vida con orgullo, el motivo de este post no es otro que la nueva colección que ha presentado y que haciendo homenaje a algunos de sus diseños de su primera aparición en 1985, como el vestido flotador, aunque esta vez lo ha hecho usando tejidos de tapicería que ella misma diseña desde hace años.

FOTO DE UGO CAMERA

La nueva colección es original en esta ocasión por los tejidos empleados, ya que al haber usado telas de cortinas para algunas de las prendas, es como si emulase así a Julie Andrews en la película Sonrisas y Lágrimas, cuando hizo  para los niños los trajes a juego de toda la familia von Trapp con unas viejas cortinas

Con este desfile quiero apoyar a mis fabricantes, tanto a los que me hacen las telas para las cosas de hogar como a los que hacen mis perfumes”. (por eso en la salida y entrada de los desfiles había una imagen de los botes de sus perfumes)

 En la propuesta de este año, se mezclan vestidos que parecen salir de un cuadro de Dalí, con ojos y labios de estilo surrealista, combinaciones de dos piezas hiperestampadas con combinados complicados, que no imposibles,  siluetas sobredimensionadas y volúmenes XXXL a la vez que se mezclan con diversas  prendas totalmente “ponibles” a diario, que sólo resultan un tanto excesivas para un look sencillo por los complementos que las acompañan sobre la pasarela. Y es que Agatha sabe que la gente espera ser sorprendida con algunas de sus prendas exageradas que siempre crea para los desfiles, pero a la vez, se trata de llevar sus diseños a la calle y de manera bastante universal, sin tener en cuenta la edad, estilo o posición social, por lo que los diseños imposibles, sólo aptos para espectáculos, conviven de manera natural con aquellas prendas cómodas para lucir en cualquier ocasión.

  “La colección es muy divertida, sobre todo por los estampado y el tejido, que es el hilo conductor, pero hemos hecho un equilibrio entre lo comercial y la fantasía”.