No recuerdo exactamente la edad en la que tuve por fin mi primera bici para así lograr no tener que seguir pidiéndola prestada, lo que sí recuerdo es que era naranja y por supuesto tenía ruedines, ya que no fue inmediato  mi gran logro de “biciclear”, es decir, de volar libre con un vehículo de tan sólo dos ruedas hasta pasados unos meses.

Me encantaban las cuestas porque sabía que después de cada esfuerzo por llegar, quedaba la gran bajado veloz y me encantaba esa sensación de terror y a la vez de euforia adrenalínica que suponía lanzarte sin más frenos que las zapatillas ya gastadas que envolvían mis pies.

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Años más tarde, después de haber aprendido a montar en bici y de haber adquirido seguridad en el manejo de bicis mucho más grandes que yo, decidí comprar una a mi medida, una reciclada, sin importar el color ni la estética, tan soló su funcionalidad, sólo quería que fuese ligera para poder llevarla de la mano cuando no pudiese usar el ascensor para subirla a casa y que diese la libertad que tanto ansiaba y que sólo mis pies en ocasiones no me daban. La llamé Franky y estuvo conmigo varios años y me acompañó a no pocos viajes hacia el trabajo de entonces, luchando  eso sí;  contra las amenazas de los coches en una ciudad como Madrid, poco amiga de los vehículos de 2 ruedas sin motor…. Poco después me desquité de esa conducción no exenta de peligros y de amenazas continuas, gracias a mi gran aventura italiana, yendo en bici a diario, disfrutando de noche de las maravillas que me regalaba Florencia a cada paso sin ni siquiera merecerlo…eso sí que era experimentar de alguna manera la verdadera libertad que tantas mujeres debieron sentir en el S.XIX cuando consiguieron montar en bici,  como el caso de la gran Frances Willard (no es mi intención compararme con ella, sólo con la sensación compartida que  creo produce montar en bici, algo así como si nadie pudiese hacerte daño de ninguna forma subida en ese vehículo de apariencia frágil , que curiosamente te hace sentir fuerte).

Pero en realidad no era mi intención hablaros de mis aventuras sobre un velocípedo, ni de mi actual bici roja que me ha acompañado a varias de las Clássic Ride que han tenido lugar en la capital del Turia, hoy quería hablaros de un proyecto, que aun no siendo una idea nueva, sí que viene renovada y con una intención no sólo comercial, sino social y medioambiental. Se trata de Ciclocostura:

 Ciclocostura 2.0 es un proyecto de experimentación textil relacionado con el ciclismo urbano.

A partir de diversos talleres presenciales y colaboraciones a través de una plataforma online abierta y en función de las necesidades, inquietudes y gustos de sus participantes, experimentan con ropa y complementos que faciliten y embellezcan la vida de los amantes de la bicicleta.

A partir de este proceso, se elaborarán prototipos y sucesivas versiones, que cada cual de manera libre comparte con la plataforma abierta, siempre bajo licencia de Creative Commons, permitiendo así la adaptación de la obra ,mejorando o incorporando novedades siempre desde el poder creativo de cada persona que participa.

Ya hace años que conocí diversas iniciativas que trabajaban con las cámaras de la bici y de otros vehículos, conviertiéndolos en bolsos, carteras, mochilas y un sinfín de curiosos objetos. Sin ir más lejos, el mismo año que me estrené en la Pasarela de la Valencia Fashion Week, enla zona Off, un día antes, la marca Recitrans, cuya alma mater es  Miriam Rolamia, con quien ya había compartido alguna que otra Feria Alternativa de Valencia, sorprendieron a todo el mundo con su colección de complementos realizados a partir de cámaras de aire de camión, chapas, discos de vinilo, microchips, cintas métricas, envases de plástico y muchos otros materiales reciclados.

También están las creaciones de Isendra Bags

O las de Bandaderodadura

No obstante y pese a no ser algo “supermegaoriginalqueanadieselhabíaocurridohastaahora”, me ha encantado la propuesta de Elisabeth Lorenzi, creadora del proyecto Ciclocostura, porque ha demostrado que no solo es alguien con una gran creatividad a la hora de crear artículos reciclados, sinoque además tiene un corazón enorme por invertir esa gran habilidad en proyectos sociales y también sostenibles (ambientalmente hablando).

Elisabeth es Modelista de Indumentaria y una gran apasionada de los procesos creativos y colaborativos y por supuesto, de la sostenibilidad vital y ambiental, Antropologa Social y Cultural por la Universidad Complutense de Madrid y diplomada en Trabajo Social, por lo que tiene mucho sentido la gran variedad de proyectos en los que hasta ahora se ha sumergido casi sin salir a la superficie para coger oxígeno, ya que su energía vital se retroalimenta precisamente de quienes se lanzan y animan a participar en sus talleres o en su plataforma.

Ha compatibilizado casi mágicamente actividades científicas y académicas con las funciones de intervención comunitaria y pedagógica trabajando en la mediación y potenciando el reconocimiento de la agencia ciudadana en el patrimonio material e inmaterial….”ahí es ná”!

Este interés por la creatividad colaborativa se nutre de manera evidente por su participación no sólo en el proyecto ya citado y que da título al post de hoy, sino por la participación en otras iniciativas ciudadanas culturales como Textil en Abierto, : ” un proyecto de investigación-mediación que pretende investigar procesos de innovación social en el campo textil y de la indumentaria a través de laboratorios creativos y experimentales, usando metodologías colaborativas, tecnologías de código abierto y un proceso de registro y documentación que se adapte a las necesidades del textil.”
Por otra parte y por si fuera poco toda esta gran actividad creativa y colaborativa, crea accesorios y complementos varios bajo la firma Línea Submergente

¿Y de qué manera he llegado a conocer el trabajo de Elisabeth?, pues gracias ni más ni menos que la segunda edición del Bicifest València que está a su vez integrada dentro del proyecto València Ciutat Amable, que como en la edición del año pasado, constará de actividades abiertas al público para acercar el mundo de la bicicleta a cada uno de los rincones de la ciudad y su área metropolitana, y entre una de sus actividades, el día 19, tuvo lugar el taller de Ciclocostura que fue todo un éxito gracias al saber hacer de Elisabeth y gracias a la gran creatividad y bien rollo de sus participantes.

Este tipo de talleres se sirve de materiales que ya se pueden utilizar en la bicicleta para convertirlos en útiles accesorios, bolsas, chalecos… y bajo algunas directrices, pero con la libertad absoluta de la creatividad personal e intransferible de cada participante,  Elisabeth les enseña a reutilizar cámaras de rueda, cubiertas, radios e incluso coronas de piñón para hacer todo tipo de accesorios que la imaginación de cada cual convierta en algo real..

Y aprovechando todas las buenas experiencias vividas el año pasado tras el éxito de la primera edición, os invito a participar en todas las actividades y congreso que tendrán lugar a lo largo de varios meses, deseando de verdad que esta segunda reafirme el evento en la ciudad y que se marque como un referente para próximas ediciones y sea un clásico esperado cada año y no sólo sirva de encuentro para los ciudadanos de la cap i casal, sino para todas aquellas personas amantes de la bici de otras poblaciones y también de otras provincias y de otros rincones del mapa…

Sólo quería acabar explicando un poco en qué consiste el concepto de Ciudad Amable (que aunque es fácil porque el nombre no genera duda, es bueno saber el origen de la idea como proyecto) :

Es el resultado de una reflexión colectiva surgida a partir de la ICE Ciudad 30. La idea central en la que se asienta es que las ciudades y su espacio público han de aproximar su diseño a la escala humana y así fomentar la empatía, confianza, seguridad, alegría… La amabilidad es una manera especial de tratar a los demás y una actitud para abordar los problemas de manera positiva. En nuestro caso, la problemática se traduce en la necesidad de cambiar el paradigma urbano para convertir nuestras ciudades en lugares convivenciales, sostenibles, saludables, inclusivas…

Porque no se trata de hacer un evento y una ciudad amable sólo creando carriles bicis, se trata de algo mucho más profundo, ya que la bici sólo es un gesto, digamos que una cara visible de lo que se quiere lograr en un futuro cercano para que sea mucho más amable pasear y disfrutar de la riqueza de nuestra ciudad y nuestro entorno natural y cultural y aunque parezca simple o mejor dicho, algo anecdótico , el taller de Ciclocostura, no es ni más ni menos que el reflejo de lo que una ciudad amable quiere reflejar, que es la colaboración, el reciclaje, el respeto por oficios artesanos, por el medio ambiente y la puesta en valor de la creatividad como recurso esencial para cambiar aquello que no funciona.