Existe un mundo que convive con nosotros, al que podríamos considerar incluso como un mundo paralelo,que nuestro ojo no es capaz de percibir. Se trata de un mundo fascinante en el que existe una extensa y variada tonalidad de colores que solo es capaz de reproducir la luz ultravioleta. Desde el origen de nuestro mundo y a lo largo de millones de años, las flores, para asegurarse su permanencia en el planeta Tierra, han desarrollado unas curiosas manchas de coloración, que solo son visibles por los insectos que perciben la luz ultravioleta, para indicarles el camino exacto hasta el botín del tesoro , es decir, guiarles en el camino hacia el polen o el néctar que perpetuará su herencia floral.

El Instituto del Color Pantone decidió a finales del año pasado cual sería el color que marcaría las tendencias a lo largo de 2018. El elegido finalmente fue el Pantone 18-3838 que corresponde a un tono de violeta un tanto especial, descrito como saturado e intenso al que determinaron llamar Ultra violet.

Pantone se encarga anualmente desde el año 2000, de “decidir”, o más bien de proponer qué color será el más representativo y usado durante el nuevo año que se acerca. Para ello, se reúne como en una especie de cónclave (como así lo define el diccionario en una de sus acepciones: Un cónclave es una reunión a un alto nivel en que varias personas se juntan para tratar un tema”) un grupo de expertos en el lenguaje del color, para analizar minuciosamente los diversos campos de los que se componen las tendencias sociales, para así diseccionarlas y poder elegir el color que marcará la tendencia anual inducida y que con bastante probabilidad (como ha ocurrido en la mayoría de las veces) se difuminará y continuará a lo largo de otros tantos. Estos diversos campos conforman una larga lista, pero es fácil destacar los más importantes e influyentes: moda, publicidad, decoración, música, diseño de productos, tecnología, gastronomía, etc.. 

Cierto es que Pantone siempre ha manifestado que no pretende con su declaración  marcar la tendencia del color que todos deberían usar o comprar, sino que lo hacen como algo simbólico que refleje el espíritu de la época. Sin embargo, la realidad , ya sea intencionada o no, es que cada año ocurre todo lo contrario dentro de la industria y consiguen que el color decidido por su compañía se convierta en un fenómeno de masas. También es importante aclarar que Pantone no es la única que decide o nombra el “color del año” como tendencia , pero sin duda sí que es la más influyente.

Eiseman, Pressman, vicepresidente de Pantone y su equipo de expertos, tras “el cónclave”, decidieron que tenía que ser un color que generara esperanza y que lanzase un mensaje alentador , así es como fue elegido este color, el violeta (aunque en realidad es el verde quien ostenta desde hace ya muchos años el cargo del que habla esta definición de Eiseman).

Desconozco qué número de mujeres hay entre todos estos expertos que toman anualmente esta decisión (más transcendental de lo que nos imaginamos) aunque sé que al menos hay  alguna, ya que he podido leer algunas de las declaraciones de Laurie Pressman, miembro del instituto,  pero lo que sí está claro es que esa Comunidad de Expertos  ha dado en el clavo eligiendo ese color, ya que han sabido ver más allá de las tendencias ligadas a la moda estética y han sido hábiles al sumergirse entre los entresijos sociales, las charlas de bar o las de las paradas de autobús. Han logrado infiltrarse entre los millones de mensajes rápidos de whatsapp, twitter, instagram y facebook y han visto como lo que se lleva cociendo décadas en todo el mundo, está destapando ahora más que antes, una realidad que tiene como color asignado el violeta…. “EL FUTURO VIOLETA”

Si echamos la vista atrás e intentamos identificar ese color Ultra Violeta con una imagen gráfica, quizá aquellas personas que como yo somos amantes de la música y especialmente la que abarca desde los 60 hasta los 90, pensará automáticamente en la estrella del Pop más violeta…..Prince y su Purple Rain. El vestía como nadie ese color en sus múltiples alteraciones cromáticas y logró que incluso se aceptara y gustara en España, donde esas tonalidades no eran ni son tan bien aceptadas por estar relacionarlas con la Cuaresma y la Semana Santa (vinculadas ambas a la penitencia). No podemos olvidar que España hasta hace bien poco, tras cientos de años en que era así (desde los siglos XVII y XVIII), se consideraba un país católico. Pero tras la llegada de la democracia, con la Carta Magna bajo el brazo que reconoce el estado español como acofensional, ha ido creciendo el porcentaje de la sociedad que rechaza de plano todo lo relacionado con el catolicismo, sin hacer criba de “la paja y el trigo” y por ende, muchas de sus expresiones estéticas, al relacionarlos con una dictadura demasiado reciente para la memoria de los más mayores y de los que no lo son tanto.

Yo no soy partidaria de vetar ningún color y mucho menos por prejuicios asignados sin base lógica sino relacional, pero comprendo que esto ocurra ya que somos seres sociales e influenciables tanto de manera directa como subliminal y los colores, como los aromas o la música, son habitualmente los vehículos más rápidos para alcanzar nuestra mente a través de las emociones que nos provocan y que derivan en sentimientos más o menos agradables, según la gestión y/o experiencia vital.

Precisamente de la gestión de las emociones y del color Ultravioleta va esta obra de teatro de la que os hablé hace unos meses. Se trata  de Alicia, la famosa niña protagonista de la obra de Lewis Caroll, que en esta adaptación teatral , a manos de la misma persona que se viste de color violeta como Alicia, quien es una de las personas más ultravioletas que he conocido en mi vida. Ana, psicóloga especializada en violencia de género y también en Igualdad de Género, representa en este transformado guión a una niña curiosa, aventurera y soñadora… y también un poco impaciente.

Esta niña preadolescente está en pleno crecimiento tanto físico como emocional y tiene algunos prejuicios en su cabeza. Por eso, cuando un buen día, colándose por el hueco de un árbol, decide seguir a un conejo blanco a un mundo lleno de colores y de aventuras tanto increíbles como impensables, esos mismos prejuicios que llevaba consigo, le llevan a pensar que todos los habitantes de ese nuevo país descubierto están todos locos!!!! y ahí empieza la verdadera aventura de su vida y su transformación como persona. Es en ese aparente “caos” de país donde nada parecer tener lógica ni sentido, es donde ella descubrirá quién es realmente y se topará de frente con su verdadera fuerza interior. Aprenderá a luchar por lo que cree, a reconocer y por tanto gestionar sus emociones y las de los demás, empatizando sin juzgar y  se dará cuenta de la importancia de sonreír siempre a pesar de las dificultades.

Como os comenté en el post dedicado a esta obra, tuve la suerte de ser la encargada de realizar el vestido de Alicia y desde luego la elección de su color no fue casual. No porque fuese una vidente y supiera qué color iba a elegir Pantone para este año, sino que había una serie de motivos que configuraron esa nueva versión de Alicia no sólo en el guión sino en su puesta en escena estética y que fui y que iré desvelando poco a poco a través de este post, del anterior y de otros futuros. Un motivo podría ser hacer un guiño al Gato de Cheashire, pero …¿será así?

Alicia en el país de las Maravillas

Otra de las personas que han hecho gala de mimetizarse durante décadas con este color tan peculiar, el violeta, es sin duda la musa del pop  en los años 60 Ultra Violet, o lo que es lo mismo Isabelle Collin Dufresne, francesa nacida en 1935 cuyos apellidos cambió al trasladarse a Nueva York al comprobar que éstos eran impronunciables por los anglófonos. Dada su personalidad rebelde, en contraposición con los hábitos de su familia, Isabelle se fue a vivir con su hermana al licenciarse en la escuela de arte con 18 años.

Al cruzar el charco, buscó a Salvador Dalí, que le fue presentado por una amiga y quien la dejó completamente deslumbrada. Desde ese momento se convirtió en una de sus musas y compañera de aventuras e ideas curiosas y gracias a él fue como descubrió que ella también era surrealista.

Isabelle era una peculiar chica que siempre iba con los cabellos teñidos de violeta y que acompañaba también con un coordinado maquillaje y vestidos del mismo color violeta,  por lo que recibió con el tiempo el nombre de Ultra Violet. 9 años más tarde, de la mano de Dalí, fue presentada a Andy Warhol. Para entonces, ya se había convertido en actriz y artista polifacética y en poco tiempo se convirtió de nuevo en musa de un artista peculiar…. ya era parte indisoluble de Andy Warhol y participó en varias de sus películas, aunque no restringió su carrera a participar sólo de los proyectos del artista Pop por excelencia. Curiosamente, según dicen algunas personas cercanas, fue el mismo Warhol quien le puso su nombre artístico Ultra Violet por el que pasaría a formar parte de la historia del Arte y la Moda Alternativa del S XX.

También hay otros personajes además de Ultra Violet y Prince que hicieron uso del color Ultravioleta a lo largo de su trayectoria artística, como son David Bowie o Jimi Hendrix entre otros.

Composición realizada por Creative- Lampshades

Si nos fijamos en los personajes que están vinculados a este color, podemos asociarlo con creatividad e inconformismo y con algún toque de “locura” por su atrevimiento. Y algo de eso tienen las mujeres que un buen día lo eligieron como color representativo de una lucha que hoy está cada vez más en boca de todos.

En realidad, las sufragistas, es decir, aquellas que  reinvindicaban el derecho a voto de las mujeres a principios del SXX, que incluso en muchos casos estaban dispuestas a infringir la ley para conseguirlo, usaban tres colores: verde por la esperanza, blanco por la pureza y violeta por la dignidad y lealtad. El motivo era que querían poder ser reconocidas en medio de las multitudes por mujeres afines y también por quienes se oponían al movimiento.  

Emmeline Pankhurst,  quien encabezó este movimiento sufragista en Inglaterra,  ideó esta propuesta de colores basada en algunos simbolismos históricos y también porqué no, un tanto personales :

“El violeta, color de los soberanos, simboliza la sangre real que corre por las venas de cada luchadora por el derecho al voto, simboliza su conciencia de la libertad y la dignidad. El blanco simboliza la honradez en la vida privada y en la vida política. Y el verde simboliza la esperanza en un nuevo comienzo”.

Desde ese momento, cuando se manifestaban públicamente siempre llevaban algo violeta, como símbolo de su asociación al movimiento sufragista.Si bien  usaban el violeta junto a los otros dos colores y también junto al dorado , el violeta el que más destacaba. Curiosamente, en ese contexto, había diferencias entre unas sufragistas y otras, como ocurre hoy en día con el feminismo.

Mientras unas sufragistas eran vistas como artífices de un movimiento moderado, otras eran llamadas despectivamente como suffragette, que eran las más radicales y quienes se jugaban literalmente la libertad e incluso la vida, ya que estaban completamente dispuestas a entrar en prisión o a morir por la causa. Digamos que para muchas personas hoy en día sería como diferenciar a  las Feministas de las Feminazis (término despectivo que se usa para llamar a las feministas radicales), aunque yo más bien las veo como las mujeres Violetas y las Ultravioletas.

Porque cuando comienzas a ponerte las gafas violeta y descubres la realidad invisibilizada después de tantos años, ya no sólo no puedes quitarte las gafas, sino que empiezas a percibir las cosas de otra manera y aparecen otras tonalidades de colores que solo es capaz de reproducir la luz ultravioleta……

Así que si a partir de ahora, que he comenzado un ciclo superior dedicado precisamente a descubrir esas tonalidades sutiles, me veis un tanto diferente, es sólo porque me he quitado alguno de los filtros y veo la vida a través de unas nuevas gafas.