Hay tantas cosas en el mundo que son una buena fuente de inspiración , que no es de extrañar que varias personas coincidan en diseños similares a lo largo y ancho del mundo de manera simultánea e incluso que lo hagan a través de distintas épocas , sin haberse conocido antes..

Pero en la era de las redes sociales, de internet y de la globalización de la información (sobre todo la gráfica o estética), es más complicado que esto suceda, es decir, que varias personas coincidan sin haberse visto la una a la otra, antes de decidir qué diseñar, ya que sin saber ni cómo ni porqué ni cuándo, alguien puede ver algo y acabar imitándolo a la perfección sin que la persona creativa original se de cuenta y que tampoco pueda incluso defenderse de esa copia, que puede llegar a venderse en los más diversos canales de distribución internacional sin recibir ningún porcentaje por ello.

Si bien es maravilloso ver que la tradición y la cultura de ciertas etnias, aún estimula el interés de artistas de todo el mundo, nos encontramos con un problema de difícil solución si no se pone voluntad y se analiza desde la empatía, la comunicación y por supuesto, desde el respeto más absoluto hacia esas culturas ancestrales y no sólo desde la economía más frívola (sí, porque hay una economía ética y es esta segunda la que debe primar sobre la primera). Entonces…¿dónde se debería trazar la línea? ¿Cuándo se puede hablar de que un producto es “original” y cuándo puede considerarse una “copia” o una creación “inspirada”?

No son pocos los casos de copìas que tienen lugar en el mundo de la Moda, algunas veces de manera muy descarada y de las pocas ocasiones en que se consigue llegar a los tribunales, sólo alguna de ellas gana a quien efectúa esa copia, ya que en la mayoría de los procesos intervienen como acusadas empresas multinacionales.

Pero en el caso que planteo hoy tiene más enjundia, se podría decir que sería un mayor delito, ya que como he mencionado antes, se trata de algo más que una copia de un diseño original, se trata de usurpar la esencia de una cultura y no de homenajearla, como sería la opción adecuada.

Admirar una cultura diferente a la nuestra porque nos resulta exótica es maravilloso, ese interés es necesario , porque nos acerca al conocimiento más profundo de las tradiciones de otras civilizaciones y hace que lleguemos a buscar aquellas cosas que nos unen así como también aquellas que nos diferencian, ya que pueden resultar enriquecedoras para ambas partes cuando se observa desde la admiración y el respeto.

El primero de los casos recientes es del traje de “Boteiro”, atuendo típico del Entroido, que es el carnaval gallego, una celebración ancestral, que además es bien de interés cultural de Viana do Bolo, un municipio gallego ubicado en la provincia de Ourense  y de la del municipio colindante de Vilariño de Conso,  que ha sido plagiado por la famosa firma Dolce & Gabbana.

Representantes de estas dos poblaciones ya han alertado a la empresa textil del “clarísimo plagio” que han detectado, y le reclaman al menos un reconocimiento público de su fuente de inspiración: un bien cultural que es “propiedad, aunque sea intangible” de sus comunidades. No se trata sólo de la estética general (el corazón central, por ejemplo), que es evidentemente igual, sino que la combinación de colores y la técnica de elaboración con cintas de raso no puede ser algo casual que alguien haya improvisado por iniciativa propia sin influencia alguna, por lo que quedan en evidencia.

“La figura de los boteiros constituye un bien cultural y es la seña de identidad más importante de nuestro municipio”, sostiene la concejala de Cultura de Viana do Bolo, Graciela Diéguez. “Hay que tener en cuenta que nosotros no nos disfrazamos en el Entroido; nos vestimos. Este atuendo evidencia una forma de ser y de sentir muy profunda”.

No es la primera vez y me temo que no será la última en que algo así suceda, no hace mucho tiempo atrás (entre el 2012 al 2017) se plagiaron diseños de distintas culturas ancestrales, entre las que destaca la copia de los bordados de las comunidades indígenas mexicanas de Oxaca, Chiapas o Hidalgo, algo denunciado no sólo por estas poblaciones sino por la ONG mexicana Impacto y que en su momento dio la vuelta al mundo.

Una vez más el problema radica no en utilizar ciertos símbolos de culturas admiradas, sino apropiarse de éstas para sacarlas de contexto y perpetuar los estereotipos que se tienen acerca de ellas. En resumen, no es más que una mala interpretación de la cultura (la mexicana en el caso anteriormente citado), lo que supone la pérdida del significado de símbolos tan importantes para el grueso de la población y que no se ven bien representados, a pesar de la gran puesta en escena en la pasarela, donde reina el glamour y el lujo.

fotos de una publicación de mensheath acerca de la campaña hecha por Bihor couture

Otro caso reciente es el que da título al artículo y es que se trata de la firma Dior, que esta vez se fijó en los trajes tradicionales de la región rumana de Bihor y que desde hace un año ha revolucionado las redes, sobre todo por la buena e ingeniosa reacción que han tenido los habitantes rumanos de esa región. Lejos de lamentarse por la usurpación de su identidad al comprobar que la famosa marca había creado un abrigo prácticamente igual al suyo y que éste se vendía por la nada desdeñable cifra de 30,000e, muy alejada de la cifra en la que esta región vende sus prendas, quiso darle la vuelta a la situación y comenzó la lucha contra la apropiación cultural de manera bastante creativa.

Con el hastag , twitter se inundó de muestras de apoyo reivindicando el reconocimiento de la marca hacia el origen del diseño de sus abrigos.

Gracias a la original iniciativa de la empresa McCann Worldgroup Romania, se creó una tienda online para vender los trajes tradicionales que la firma Dior había hecho famosos de repente, para así ayudar a recaudar fondos para la comunidad y también para aumentar el espíritu decreciente del folclore que en estos días debían competir con la modernidad de otras marcas y estilos. Lo mejor de todo es que los ingresos van directamente a los artesanos de Bihor, que hasta hace poco eran tres los artistas locales que se habían unido a la iniciativa, número que aumenta poco a poco debido a la creciente demanda. La campaña consiguió en pocos días tuvo una gran acogida y buena respuesta, recibiendo no sólo pedidos de la chaqueta más popular sino de otras creaciones ofertadas por los artesanos de la zona.

Bihor Couture, que es el nombre de esta propueta, no es solo una marca que vende ropa auténtica de Bihor, sino que también sirve como un modelo comercial desarrollado para “devolver” el dinero a las comunidades locales, revitalizando así esa zona, poniendo en valor la riqueza de la cultura de sus antepasados, para que las futuras generaciones puedan disfrutar de estas maravillosas tradiciones.

Este modelo de negocio desde luego puede servir como fuente de inspiración para otros países y culturas que enfrentan el mismo problema que Rumanía y que sin duda, no exenta de una inversión necesaria, podría servir para rescatar tradiciones de interés cultural que están desapareciendo por falta de artesanos expertos que se van jubilando o muriendo sin poder encontrar herederos de esa labor social tan importante y que devolvería la actividad comercial a muchas poblaciones casi abandonadas en su totalidad, enriqueciéndolas a muchos niveles (no sólo económico) .

Yo ya he puesto mi pequeño grano de arena haciendo en “preorder” de un collar maravilloso, contribuyendo así a que este proyecto siga creciendo cada vez más, con la esperanza de que nazcan iniciativas similares aquí.

http://www.bihorcouture.com/

PD. Pese a todo lo citado, sigo admirando los diseños de Dior y de Dolce & Gabbana y sólo espero que recurran a la gran creatividad que ambas firmas han demostrado tener y respeten las culturas ancestrales buscando una sana inspiración.