FLEA MARKETS
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El origen de los Flea Markets se remonta al SXIX con el famoso “Mercado de las Pulgas” de París, también conocido como “Marché aux puces de Saint-Ouen”. La historia de este mercado comenzó alrededor de 1880, cuando los concejales de París decidieron que los traperos y chamarileros ya no serían bienvenidos al centro de la ciudad para trabajar, por lo que atravesaron las últimas fortificaciones del territorio y se instalaron en los municipios limítrofes, a las puertas de la Capital, aunque no fue hasta 1885 cuando verdaderamente nace el Mercado de las Pulgas tal y como se conoce hoy.

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      foto de www.citiguideparis.fr

Una vez asentado este nuevo sistema de trabajo, el municipio de Saint-Ouen empieza a organizar el barrio publicando los primeros reglamentos de los mercados y adoquinando las calles principales, creando aceras en algunas de ellas, favoreciendo el crecimiento económico y mejorando el barrio, pero como toda regulación y mejora de los accesos, así como de la infraestructura continente, se comienza a exigir el pago de una tasa para poder vender los productos y ejercer de “mercaderes”.

Al principio del siglo XX, la prensa se hace eco de este curioso mercado principalmente enfocado a la clase baja, publicando varios reportajes sobre este, sugiriendo, que en medio de este caos, se dice, que algún coleccionista experto encontró piezas increíblemente excepcionales y de un valor incalculable, por lo que a partir de ese momento, el mercado se puso de moda y empezó a atraer cada día más visitantes y curiosos de todos los rincones de la capital y de otros puntos del país.

A partir de los años 20 comenzó la expansión de este mercado por la tremenda demanda y siguió extendiéndose hasta que en el 38 crearoni el Mercado Jules Valles.

A día de hoy cuenta con 2500 tiendas y desde 2001 fue declarado “Zona de Protección del Patrimonio Arquitectural Urbano”

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Yo no he tenido la suerte de conocer a día de hoy este famoso mercado, pero sí debo reconocer que me volví adicta a este tipo de mercados, desde que siendo niña, mi padre me descubrió un buen día el Rastro de Madrid y a partir de ese momento fueron muchos domingos los que los dos juntitos de la mano, recorríamos sus estrechas calles en cuesta llenas de artículos curiosos sacados de no sé que lugar ni de no sé qué época….y no menos curiosos y peculiares eran los vendedores de dichos objetos…

Me encantaba ver cómo mi padre preguntaba curioso sobre alguna de las piezas y regateaba con ellos hasta conseguir un buen precio con la consiguiente decepción del vendedor por no haberle convencido de pagar un precio superior. Y digo me gustaba, porque percebía en la actitud de dichos vendedores un ánimo de embaucar o de engañar a los compradores en algunas ocasiones y mi padre raramente caía en sus redes.

Cuando ya había conseguido a buen precio la pieza deseada, me explicaba por el camino( a su manera  dada mi edad), porqué lo hacía.

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Siendo un poco más mayor, me confesó que algunos de esos objetos eran robados, que a él no le parecía bien, pero que cuando le robaban la radio del coche, decidía acercarse allí para comprar una que no era la suya, que lógicamente sería de otra persona a la que le hubiesen robado también la radio, pero que la sustutuiría por un módico precio y es ahí donde se hacía fuerte por lo injusto del robo y por tanto intentaba conseguir el mejor precio como castigo al ladrón , como haciendo valer el dicho de “quien roba a un ladrón tiene 100 años de perdón” o algo así…

Debo reconocer que aún así, no me gustaba la sensación que se me quedaba al saber que era una pieza robada y ya de mayor, aún siendo víctima de robo de varias bicicletas, nunca he comprado una en el rastro, precisamente por evitar conseguir a buen precio, la compañera de viaje de alguna otra víctima tal y como lo había sido yo.

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Y es que el visitante de estos mercados, debe dejar los escrúpulos en casa, no sólo porque como bien dice el nombre del que nació “Mercado de Pulgas”, era porque muchas de las prendas contenían pulgas y otros pequeños seres amantes de la suciedad y el descuido y en este tipo de rastrillos (los más puros) siguen siendo fieles al origen de este identificador animal, sino porque entre todos los objetos, podemos encontrar algunos que son fruto de robos o de “limpieza” de casas de personas que han fallecido y que se desnudan sobre el suelo mostrando sus fotos de boda, de familia , incluso las letras de amor que se mandaban de novios cuando él estaba en la guerra….

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Cuando se quiere visitar estos Flea Markets, tal y como se llaman modernamente cogiendo prestado del inglés el nombre como si no tuviésemos tradición patria, hay que hacerlo con curiosidad inocente, con capacidad de sorpresa, con verdaderas ganas de intercambiar pequeñas o largas charlas (según la verborrea de ambas partes) con los vendedores de los que por experiencia propia se aprende mucho de la vida.

Recorrer las plazas, callejuelas, escaleras, plazas o las cuestas donde se extienden los pequeños escenarios del teatro de la vida de los que pasan sus días de manera más intensa que los especialistas de alto riesgo, es viajar a un submundo y a la vez reconocer la esencia de la humanidad.

Es una aventura recomendable en la que se suelen encontrar verdaderas joyas y no por su valor económico sino por su valor intrínseco, por la historia que contiene y que habla por entre sus hilaturas, por los pequeños huecos de los eslabones que sujetan las agujas que dan la hora todavía a pesar de los años….las canciones que han sonado saliendo imperiosas de una pequeña y frágil maleta gracias al impecable trabajo de una sencilla aguja que ha sido testigo de muchos besos , risas y lágrimas..

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Historias detrás de preciosas dedicatorias que figuran en la primera página de un libro amarillento por su intensa vida y posterior abandono en una estantería llena de telitas tejidas por unos habitantes de exremidades largas y finas o en un baúl húmedo dejado en la esquina de un desván que nadie ha vuelto a abrir desde hace años.

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Yo personalmente me siento atraída por las telas antiguas, sobre todo por las que tienen combinaciones estridentes , por aquellas que han vivido las épocas rebeldes de nuestra historia, porque destilan frescura a pesar de los años que contienen sus tramas desgastadas y porque reflejan con esos estampados imposibles, la certeza de un cambio de vida a mejor y esa esperanza hasta se puede oler y os aseguro que no huele a rancio ni a humedad, huele a libertad….

Mis estanterías están llenas de pequeños recortes de grandes historias que estas prendas han vivido con sus anteriores dueños y ese es uno de los secretos por los que las prendas o muñecos que creo con ellas, tienen tanta magia y son únicas.

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Poco a poco y siempre que queráis, claro, os iré llevando a todos y cada uno de los “Flea Markets” que conozco y os daré pistas de lo que no os debéis perder.

Algunos serán los rastrillos a la antigua usanza y otros serán más modernos, llenos de objetos curiosos pero liberados de pulgas y desprovistos según mi opinión de parte del encanto de los primeros, pero aún así, no haré juicios, sólo os hablaré de mis experiencias y de las joyas que encuentre, para contagiaros las ganas de adentraros en estas aventuras callejeras llenas de encanto y misterio.

Mi preferido de España por supuesto es el Rastro de Madrid, que siempre visito en mis escapadas a la ciudad que me vio nacer y crecer hasta mi madurez, pero gracias a mis viajes culturales por todo el territorio nacional y también a otros puntos del planeta, he descubierto algunos mercados que me han robado el corazón y que permanecen en mis recuerdos.

El Flea Market de Camden de Londres es uno de mis preferidos, también recuerdo el de Tarragona, del que son muchas de las fotos de la galería, el de Florencia, los puestos callejeros de abrigos de Suecia…sin olvidar los grandes momentos vividos en los mercadillos de la ciudad de Valencia que aparecen en cualquier barrio en un abrir y cerrar de ojos y donde se pueden realizar grandes hallazgos si se ponen todos los sentidos en pos de la causa.

Bueno, espero que os hayan entrado ganas de visitar alguno de los Mercados de Pulgas o Flea Market, así que os dejo algunos eventos próximos: MADRID,  BARCELONA y VALENCIA

MADRID

RASTRO MADRID En la Plaza de Cascorro, Metro Embajadores.

RAVE MARKET DE LAVAPIÉS: exclusivamente productos de segunda mano. Calle Embajadores, 53. Metro Embajadores. (Suele abrir una vez al mes, lo  mejor es consultar la fecha en la web: http://theravemarket.com/.)

EL MERCADO DE LAS RANAS: primer sábado de cada mes. Se pueden encontrar antigüedades de todo tipo y también moda vintage, libros, arte, etc Se sitúa en las calles del barrio de las Letras, Metro Sol, Atocha, Sevilla y Antón Martín. 

EL MERCADO DE MOTORES: cada primer sábado y domingo de mes. Es un mercado consolidad y original formado por 30 puestos de diseñadores emergentes en su mayoría que comparten espacio con ropa de segunda mano, libros, vinilos, muebles reciclados, artículos originales, bicicletas, todo acompañado de naranjas y vino con Música en directo y puestos de comida a buen precio. Museo del Ferrocarril, Paseo de las Delicias, 61, Metro Delicias

 BARCELONA

FLEA MARKET BCN: Mercado nacido en 2007 que ofrece todo tipo de artículos de segunda mano.  Plaza Blanquerna, metro Drassanes. Más información:http://www.fleamarketbcn.com/

https://www.facebook.com/events/253883211766421/?acontext=%7B%22action_history%22%3A%22null%22%7D

MERCAT DE LES ENCANTS: Es el mercado más grande al aire libre de la ciudad condal, que existe  desde el siglo XIV, en el que se puede encontrar de todo, todito, es decir, objetos tanto nuevos como antiguos. Se monta todos los lunes miércoles, viernes y sábados.   Plaça Reial, Metro Drassanes.

VALENCIA

PLAZA REDONDA:  Ubicado en pleno entro de la ciudad , cada domingo reúne en sus callejuelas aledañas a la propia plaza objetos curiosos para turistas y locales.Buen momento para aprovechar y conocer las calles adyacentes de la Plaza y descubrir también las joyas arquitectónicas del entorno, así como cambiar cromos o sellos muy cerquita de allí. PLAZA REDONDA S/N muy cerca de la Plaza de la Reina.

RASTRO MESTALLA: Es el rastro más grande de la cuidad que tiene lugar cada domingo excepto algunas excepciones al año y que se ubica en la parte de atrás del estadio de fútbol del Valencia, el Mestalla. Se encuentran objetos muy curiosos , tanto antiguos como modernos proveniente de liquidaciones de tiendas. Es divertido perderse por sus calles improvisadas y separadas por mantas o mesas que hacen de expositor temporal. Estadio Mestalla Av. de Suècia, s/n, 46010 València Metro Aragón o Facultats.