La industria de la Moda siempre ha buscado inspiración principalmente en su entorno más cercano, pero en ocasiones ha buscado a sus musas en los rincones naturales más insospechados intentando despertar la curiosidad gracias a la magia de lo exótico. Sin duda el desierto es uno de esos espacios singulares que a las personas de cultura occidental nos cautiva sobremanera.

No he llegado a día de hoy a realizar una investigación tan exhaustiva  como para comprobar si cada año, desde hace varias décadas, al menos un diseñador o diseñadora a lo largo del mundo recurre a la inspiración “desertística” cada año en verano, pero la realidad es que si lo afirmase sin hacer esa comprobación, dudo mucho que me equivocase. Y es que el desierto del Sahara y los bereberes son un recurso maravilloso para llenar las pasarelas, las calles de las ciudades más cosmopolitas y también las playas de la costa mediterránea especialmente.

Pero si el desierto nos ha hecho un regalo especial a la humanidad , al menos desde mi punto de vista, ese es sin duda uno que tiene nombre de mujer…y no precisamente un nombre cualquiera: 

Waris Dirie.

Waris Dirie es una bellísima modelo de piel de ébano, pero además de esa obviedad,​ es escritora y una gran activista en la lucha contra la mutilación genital femenina.​ De 1997 a 2003 fue embajadora especial de la ONU contra esta tradición profundamente arraigada todavía hoy en día en algunos pueblos y que cercenan una parte muy importante de la mujer cuya trascendencia no es sólo física sino emocional. Por ello, para combatir contra esta lacra, en 2002 fundó su propia organización, la Fundación Waris Dirie para luchar contra este tipo de mutilación exclusiva de las mujeres, de la cual ella misma fue víctima a los 3 años de edad.

Hablar de Waris es hablar de una vida de valor, fuerza y superación admirables.

Lejos de asumir una realidad imperante, aprovechó una a una todas las oportunidades que se le presentaron a lo largo de su vida y no cejó en el empeño de cambiar la vida de otras mujeres de su país de origen en cuanto tuvo la oportunidad de hacerlo y a día de hoy no ha descansado hasta lograr erradicar esta barbarie.

Waris Dirie  es más que un cuerpo y también es más que un nombre, y precisamente en éste, se esconde casi sin querer? un mensaje oculto: Si separamos las letras de su nombre War is y le quitamos la segunda “Í” de Dirie como si se perdiera al pronunciarlo, obtenemos algo que define la actitud de esta gran mujer, (war is dire)“La guerra es terrible” . La ablación es un tipo de terrorismo contra la mujer que se ejerce desde la infancia y por tanto supone una guerra abierta contra la mitad de la población mundial.

La vida de Waris Dirie (Somalia, 1965) es una vida de película y tanto es así que hasta se ha llevado a la gran pantalla. Waris se crió en una familia somalí nómada y como es costumbre en su tierra, siendo bien pequeña le practicaron la mutilación genital total (existe también la parcial, pero en su caso no fue la opción elegida). Diez años después, con tan solo 13 años su padre acordó un matrimonio a cambio de camellos y fue entregada para casarse con un hombre mucho mayor que ella. Waris, horrorizada con esa visión de futuro que habían diseñado para ella,  provocó en su ser más profundo la decisión de escapar de esa condena y huyó de su casa sin mirar atrás a través del desierto, alentada por su propia madre que accedió a ayudarla cuando le hizo saber su voluntad de escapar .

Después de un largo viaje de auténtica pesadilla al que se embarcó sin sandalias ni alimento alguno, con sólo un pañuelo para cubrirse, en el que casi pierde la vida devorada por un león a quien tuvo la osadía de mirar cara a cara dando por hecho su cruel destino y a punto de morir de deshidratación, logró por fin llegar hasta Mogadiscio para vivir con su tía, la hermana de su madre, a quien no había visto nunca, pero de la que sabía que estaba casada con un diplomático, algo que le sería sin duda de gran utilidad. En 1981 se fue a vivir con su tío a Londres para trabajar en tareas de servicio cuando éste fue enviado a la embajada de Somalia.  Nunca antes había visto a alguien de raza blanca….

Esta fue una de las oportunidades de su vida que aprovechó con todas las ganas a pesar de que poco después, cuando su tío regresó de nuevo a Somalia, Waris, que no quiso volver, se vio obligada a mendigar por las calles de Londres, aunque finalmente acabó trabajando en una famosa cadena de comida rápida y fue allí donde el fotógrafo Terence Donovan la descubrió y nos la descubrió a los demás a partir de ese momento.

En 1987 apareció en el famoso calendario Pirelli, el calendario más famoso en ese momento y el sueño de casi cualquier modelo del mundo, ya que aparecer suponía un antes y un después den su carrera profesional. Eso es precisamente lo que pasó con Waris, que tras aparecer en el calendario, y en los años posteriores todas las revistas de moda  la querían en sus páginas y hasta en sus portadas, logrando ser la primera mujer negra en protagonizar una precisamente en la revista Vogue (edición europea). Para entonces todas las marcas más relevantes  se la rifaban: Chanel, Versace, Cartier, o Levi´s fueron algunas de las firmas para las que trabajó durante la década de los 90 y sin duda dejó en esa década una gran huella para la posteridad y una puerta abierta para muchas otras mujeres de raíces africanas y piel de ébano.

Toda su vida fue una verdadera locura, quizá como producto de la “locura del desierto” en la que ocurren cosas que en nuestra sociedad ni imaginamos…..una vida con una mezcla de infortunio, desafío, valentía, y decisión, logró forjarse una nueva llena de experiencias maravillosas  pero no exenta de nuevos peligros, aunque como buena “loca del desierto”, triunfó y desde esa posición privilegiada fue como decidió ayudar a los demás, escribiendo dos libros: “Flor del desierto”, “Amanecer en el desierto”, “Niñas del desierto”, “Carta a mi madre” y “Mujer negra, tierra blanca” .

“Flor del Desierto” se llevó al cine en 2009 protagonizada por otra famosa modelo llamada Liya Kebede llegando a crearse entre ellas una preciosa unión y amistad.

Waris Dirie ha convertido la locura de su vida en una vida de locura, de la buena, algo que quizá pocas personas comprenden, alguien que después de tantos sufrimientos y habiendo logrado la fama, no se olvidó sin más de su pasado sino que comenzó una carrera frenética desde 1997, cuando habló por primera vez sobre su experiencia como víctima de la mutilación genital femenina, convirtiéndose en una portavoz crítica de la ablación, denunciando por doquier esta terrible práctica que por desgracia aún se realiza en algunas partes del mundo.

Por suerte Waris, no es la única “Loca del desirto”, hace muy poco ha aparecido en escena alguien que muchas personas consideran un “Loco del desierto”.

Tateh Lehbib Braica es un joven refugiado saharaui de 29 años que tras estudiar en la Universidad de Argel para estudiar Energías Renovables gracias a una beca DAFI de ACNUR, cursó un master en Las Palmas de Gran Canaria, gracias al programa Erasmus para aplicar todo lo que había aprendido esos años para poder ayudar así a los miles de saharauis que, como él, han nacido en un campo de refugiados.

Tateh Lehbib regresó al Sahara lleno de ilusión y de conocimientos a partes iguales, con la firme intención de mejorar la calidad de vida de los saharauis para lo que ideó un sistema de construcción adecuado a las inclemencias que sufren los habitantes de esa zona de Argelia concebido además teniendo en cuenta el uso preferente de los recursos naturales o de deshecho para hacerlo totalmente sostenible.

Tateh decidió construir un refugio con botellas de plástico recicladas rellenas de arena con un poco de cemento, como si fuesen ladrillos. La forma de construir estos refugios es circular para evitar entre otras cosas que se formen dunas. Se construyen con doble techo y dos ventanas, a diferentes alturas, para así proteger mejor a los refugiados de las tormentas de arena y de las inclemencias solares del desierto, logrando una rebaja de hasta cinco grados respecto a las construcciones habituales lo que se traduce en una mejor calidad de vida.

Durante sus estudios, muchas fueron las ideas que pasaron por su cabeza, pero la de este tipo de refugios nació tras conocer los sufrimientos derivados de las inundaciones sufridas en 2015 y 2016 en los campamentos saharauis.

Cuando el departamento de innovación de ACNUR conoció el proyecto de Tateh, se enamoraron de su loca idea y  le becaron de nuevo  para que pudiera construir 25 refugios en los campos de Tinduf.

El primer refugio que construyó Tateh fue para alguien muy especial que le había acompañado en su aventura desde la distancia, su querida abuela, que por aquel entonces tenía 90 años. Quería ofrecerle un lugar más adecuado y mejor acondicionado, un hogar más fresco donde descansar en su última etapa vital después de más de media vida bajo el sol abrasador del desierto.

Actualmente son unas 25 familias de Tinduf en especial situación de vulnerabilidad las que pueden disfrutar en este momento de un refugio ideado por Tateh. 

Sólo el 1% de los refugiados en todo el mundo logra acceder a la universidad pero quienes lo logran, generalmente suelen volver para ayudar a los que se quedan, a aquellos que no tuvieron sus misma oportunidad y regresan con una maleta llena de ideas y conocimientos que poder aportar a sus compatriotas.

A Tateh Lehbib le llaman “El loco del desierto” pero este loco está muy orgulloso de su apodo porque en realidad es consciente de que ha cambiado la vida de miles de refugiados  en Argelia. 

“Si esto es una locura, me gusta que me llamen loco”

https://www.youtube.com/watch?v=O7nAbSHFvHg

 

PD. Ojalá el mundo se llene de Locos del Desierto como estos dos protagonistas!