Desde hace tan sólo unos días, imagino que os habréis fijado que en los comercios ya nos cobran las bolsas de plático que usamos. Lo hacen para intentar concienciarnos, pero esta vez tocándo nuestro bolsillo, que parece ser la manera más eficaz y rápida de que reaccionemos ante un problema global al que no damos la importancia que verdaderamente tiene. (cada español consume 144 bolsas de plástico anuales y el 90% de ellas son de un solo uso.)

Esta nueva normativa que acaba de entrar en vigor con el comienzo de mes, ha sido aprobada para adaptarse a la directiva europea, que tiene como objetivo último eliminar las bolsas de plástico monouso para el 2021. La normativa intenta llamar nuestra atención y propone que cada comercio ofrezca alternativas creativas que sean más sostenibles, para que antes de llegar a la fecha tope, ya estemos acostumbrados a no “necesitar” las bolsas de plástico, optando por el carro de toda la vida, las bolsas totebag, de rafia o incluso una mochila entre algunas de las múltiples opciones.

1 de julio 2018:Se prohíbe la entrega gratuita a los consumidores de bolsas de plástico en los puntos de venta de bienes o productos, a excepción de las bolsas de plástico muy ligeras y de las bolsas de plástico con espesor igual o superior a 50 micras con un porcentaje igual o mayor al 70% de plástico reciclado.

1 de enero 2020: Se prohíbendefinitivamente las bolsas de plástico ligeras que no sean compostables y las bolsas de plástico fragmentable.

1 de enero de 2021:Se prohíbe la entrega de bolsas de plástico ligeras y muy ligeras, excepto si son de plástico compostable.

Frente a la situación actual del exceso abuso de las bolsas de plástico, bastante generalizada en nuestro país, nacen propuestas muy originales y creativas que además hacen comunidad, sobre todo cuando el calor aprieta y buscamos la sombra….

Tejiendo la Calle es un proyecto colaborativo nacido en el año 2013, en Valverde de la Vera, de la provincia de Cáceres, de la mano de Marina Fernández, una joven arquitecta y diseñadora cuyas raices en ese pueblo se remontan al momento en el que sus padres se convirtieron en los maestros del pueblo y que hizo que creciera su amor y arraigo a esta población extremeña. Con todo el sentimiento de agradecimiento creado por este pasado familiar, quiso regalarles algo sencillo pero que como una semilla, tuviese la posibilidad de crecer con los años y convertirse en algo enorme, como parece que está siendo el resultado después de 5 años.

En esta iniciativa tienen cabida todas las personas que de manera voluntaria se animen, ya sean niñ@s, mujeres u hombres, aunque es cierto que la mayoría de las participantes son mujeres, ya que la técnica de ganchillo se ha transmitido por generaciones entre mujeres y son pocos los hombres los que conocen este sistema de tejer. No obstante es agradable ver en escena cada vez a más hombres, que no sólo se acercan para ayudar en el montaje, sino para compartir las jornadas a la fresca junto a las muchas mujeres que cada día se acercan a la plaza a unir piezas que sirvan de toldo para proteger a la población del intenso calor de estos meses.

Una de las cosas más maravillosas de este proyecto es que ha conseguido aunar a l@s vecin@s independientemente de sus creencias religiosas o de sus vinculaciones políticas y eso es algo que celebrar, algo que debería servir de ejemplo para otras poblaciones.

Se ha dado la preciosa coincidencia de que hasta tres generaciones de la misma familia han tejido juntas y ese es un buen y gráfico ejemplo de la importancia que tiene compartir las tradiciones como la mejor de las herencias que se pueden dar.

Llevar adelante este tipo de iniciativas colectivas, construyendo un proyecto común a base de tejido social (además del otro tipo de tejidos), utilizando técnicas tradicionales cargadas de recuerdos, sentimientos y sabiduría popular, permite la propia expresión libre e identidad de la zona. No sólo se trata de tejer, ya que estos encuentros “tejeriles”  se convierten en una terapia, además de que así se logra recuperar las tradiciones que estaban al borde de la extinción.

Gracias a los muchos momentos compartidos entre risas y quizá alguna que otra lágrima, comparten  recuerdos, chascarrillos y canciones de antaño , recuperando la esperanza de que sus tradiciones y sus señas de identidad, perduren en el tiempo….

Si además como en este caso, se utiliza para lograrlo material reciclado, lo que supone un gasto de recursos mínimo, lo convierte en una propuesta no sólo creativa sino también sostenible, llena de connotaciones positivas, que deberían ser imitadas por todos los rincones de nuestro país.

Por quinto año consecutivo, alrededor de 30 mujeres, algunos hombres y algún que otro infante (cada año se suman más) , preparan con ganas sus agujas ganchilleras para dar rienda suelta a su creatividad, demostrando sus grandes sus dotes para el ganchillo (aunque también pueden participar quienes no tienen conocimiento alguno previo), llenando de color el pequeño pueblo en el que habitan unos 500 vecinos, proporcionando sombra a quien se anima a pasear por sus calles, ya sean propios o extraños.

Este pequeño pueblo lógicamente se ha convertido en el atractivo de la zona por la llamativa decoración de sus calles y que hasta llena los balcones del Ayuntamiento.

Cada uno es diferente y admite cualquier tipo de diseño, ya que en eso no hay reglas ni normas establecidas, cada persona diseña a su antojo aquello que quiere. Los diseños parecen salir milagrosamente de sus manos hábilmente teniendo en cuenta al parecer solamente, que luzca bien en las calles

Para la elaboración de los parasoles se reutilizan bolsas de la compra o de basura, que transforman en largas tiras que son después tejidas. Las piezas resultantes son muy ligeras, impermeables y lo mejor es que pueden volver a utilizarse de año en año.

Cada cual va tejiendo sus piezas de manera individual, durante los primeros meses del año que son los más fríos  o  bien puede aliarse con otr@s vecinos y hacer una obra conjunta. Lo que siempre se hace una vez al mes es realizar encuentros en la plaza del pueblo donde se comparten experiencias y conocimientos, en los que las personas más expertas enseñan a las primerizas.

“El acto de tejer se convierte en una metáfora de la vida diaria, y también en una herramienta para para construir espacio, construir grupos y comunidades, actividades e ideales que de otra forma permanecerían escondidos, olvidados o perdidos”.
Jessica Hemmings, Knitting Now.

Aquí se encuentra una de las artistas ganchilleras del pueblo que posa junto a su obra de arte, realizada después de no pocas horas (incontables), a lo largo de todo un año.

Esta es la demostración gráfica de la gran participación y trabajo en equipo que convierten a este pueblo es un ejemplo a seguir.

Si alguien se anima, es bienvenid@, ya que es un proyecto abierto y llenito de ilusión por crecer un poquito más cada año. Si os interesa, además de la información del cartel, tienen una página en facebook donde seguir los avances. Las creaciones estarán expuestas hasta septiembre, así que estáis invitadísim@s a visitar este pueblo y callejear sin miedo a la insolación por sus curiosas y coloridas calles.

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PD. Las fotos de la galería son de Ruralc.com y la mayoría de las fotos son de la propia Marina Fernández, la ideóloga del proyecto.