¡Hola a todos!
Imaginad id paseando por Gran Vía, en Madrid, una tarde de agosto (¡con el calor de Madrid en agosto!).
Llegas a la altura del número 65 y algo hay en ese escaparate que te llama la atención. Puede ser cualquier objeto de esa tienda; unas sandalias, un bolso, un cinturón o cualquier adorno para tu casa. Pero lo mejor empieza cuando descubres la escalera del fondo del local. Porque es ahí donde empieza la magia…
Cuando llegas al piso de abajo te sumerges en, como su nombre ya nos dice, un invernadero, lleno de plantas, adornado con un gusto y una elegancia exquisitos.
El personal nos trató con una educación y una amabilidad a la altura del lugar, eso sin duda. Nos sentaron en un rincón precioso y nos aconsejaron según nuestros gustos y lo que buscábamos, porque en su larguísima carta nos perdimos.
Y acertamos.
Tienen platos para tomar a todas horas; en desayunos, brunch, comidas y cenas. Para merendar o como postre, tienen tartas de diferentes tipos (volveré a probar la de zanahoria), tienen una larga carta de tés, casi tan larga como la de cócteles, con alcohol y sin él. También tienen sushi y muchísimos platos que aunque solo leímos el nombre en la carta, apunto junto a la carrot Cake para probarlos a la próxima.

Nosotros tomamos unos mojitos y un zumo de fruta natural. Buenísimos, decoradísimos y a la altura de su precio, que las cosas como son, el sitio no es barato, pero pagas donde estás. Para que os hagáis una idea, cada mojito cuesta 10 euros, los sin alcohol 10, y los zumos de fruta 5 euros.


Como siempre os pido, si a la próxima vez que paséis por allí, entráis a El Invernadero, me encantará ver las fotos donde me mencionáis. En Instagram podéis encontrarme como @conlunaresyaloloco, dónde podéis preguntarme lo que necesitéis.

Muchas gracias por llegar hasta aquí otra semana más.

Un beso

Mónica.