¡Hola!
Esta semana os llevaré hasta Villamalea, un pueblo de la provincia de Albacete para visitar uno de sus más bonitos atractivos: La Cueva de los Ángeles.
La Cueva de los Ángeles es una cueva y una pequeña rambla situadas en un paraje natural perteneciente a Villamalea, en Albacete en Castilla – La Mancha. Está situada aproximadamente a unos 7 kilómetros al noroeste de la localidad.
  
 

Este curioso paraje ha sido siempre para este pueblo uno de los mayores reclamos para el turismo. Se trata de una cueva y de una pequeña rambla de agua natural, cuyo origen es el agua de lluvia que va siguiendo el cauce de riachuelos y otras ramblas. El agua de esta rambla ha sido tradicionalmente utilizada por los hortelanos que construían sus casas cerca para aprovechar y utilizarla para el cultivo. Este agua finalmente desemboca en al Río Cabriel.

La oquedad tiene unos 7 metros de profundidad, y recibe el nombre de Cueva de los Ángeles por la forma de las piedras en su interior que se han asociado popularmente a rostros de ángeles.

Existen varias rutas de senderismo  para todos los niveles que pasan por este lugar que ha sido restaurado para su mejor acceso y preservación. Para bajar hasta él hace falta bajar por un camino de tierra bastante empinado y llegando hasta la cueva en sí unas escaleras por las que hay que bajar con muchísimo cuidado, ya que están mojadas siempre y si no llevas el calzado adecuado, puedes acabar en el suelo, cosa que no queremos. Así que, si me aceptáis un consejo: Para visitar esta cueva, lo mejor, ropa y calzado deportivo, y si quieres darte el chapuzón correspondiente, lleva contigo unos escarpines para evitar hacerte daño con las piedras del fondo, cosa que se ve que a Alba, mi perra no le importaba mucho

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Desde el aparcamiento, en lo alto, podemos ver una casa derruida. Una familia con la que coincidimos cuando bajamos a la cueva, estaba contando que sobre el habitante de esa casa y la cueva existía una leyenda, y era más o menos así:

Esta historia tuvo lugar hace mucho, muchísimo tiempo. Nadie sabe con certeza cuándo ocurrió, su origen se ha perdido, pero la memoria de las gentes del lugar la ha mantenido viva repitiéndola de padres a hijos durante generaciones fieles a la tradición oral del conocimiento, de los misterios y de la magia.
En un paraje solitario cerca de Villamalea, vivía un joven con sus padres campesinos. Su casa estaba alejada del pueblo, lejos del camino y protegido por dos guardianes, dos enormes olmos. No muy lejos se encontraba un profundo tollo, una depresión que surgía en la llanura manchega y por donde discurría un riachuelo que formaba una pequeña laguna adornada por la caída de una continua cascada de agua plateada. Uno de sus momentos más esperado para él era cuando al atardecer, una vez que terminaba sus tareas y bajaba a bañarse al hermoso tollo. Un camino empinado y serpenteante le llevaba hasta el agua. 
Después del agradable baño le gustaba tumbarse sobre una enorme roca de granito que allí había y mientras observaba el discurrir de las nubes en el cielo, meditaba sobre su vida. Su única compañía, aparte de sus padres, ya ancianos, eran los animales de su granja.

Cuando la estaba oyendo, pensaba que cuántas personas como él visitarían esto hace años y cuántas leyendas más correrán acerca de estas personas. Pero como yo sólo conozco esta, os puedo hablar de ella, y me parece mágico el visitar ese lugar en pleno 2018 y disfrutarlo como lo harían nuestras generaciones pasadas. En compañía, o no, eso ya depende de cada cual, de los nuestros y aprovechando cada momento que nos da la vida y la naturaleza.

Como siempre os digo, ¡muchísimas gracias!. Me encanta verme etiquetada en vuestras publicaciones, me encanta que me etiquetéis como @conlunaresyaloloco en vuestras publicaciones o stories en Instagram y así veros disfrutar como yo en todos estos lugares que os recomiendo. Ya me contaréis si cogéis la ropa de baño, la toalla y las chanclas, junto a la nevera con la merienda y vais a descubrir esta maravilla de la naturaleza.

Hasta la semana que viene,

Un beso, 

Mónica.